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jueves, 5 de julio de 2012

Introducción parte 2

            
           Ya habíamos llegado al gran caserón de mi abuela, que se encontraba muy cerca de la playa. Contaba con un amplio jardín y una piscina, además tenía tres pisos. Cuando estuve viviendo allí dormíamos en el último piso, es decir en la buhardilla, la habíamos reformado y tenía una pequeña sala de estar-comedor-cocina, seguida del dormitorio, y al fondo el baño.
            Mi abuela salió a recibirnos enseguida, no había cambiado mucho, solo parecía mas cansada y (como es normal) más mayor que la última vez que la vi, su pelo era grisáceo y sus ojos verdes.

             -Hola!!! ¿qué tal el viaje?-preguntó la abuela a mamá mientras la abrazaba. En ese momento salí del coche- uyyy!! como has crecido Alice que guapa que estas, ¡si ya eres toda una señorita!
             -¡Abuela tengo casi 16 años!- dije yo, no llevaba ni un minuto allí y ya me sentía agobiada. Sophie salió del coche de un salto, con su maleta de Hello Kitty, y su perrito de peluche Coco.
              -Y mira a la pequeñaja que grande está también,   ¡hola Sophie, preciosa!-saludó mi abuela. Mi hermana se quedó callada y quieta, era normal, no se acordaba de la abuela, para ella era prácticamente una desconocida, no la había visto desde que tenía dos años.
               -Hola, supongo que tu eres la abuela ¿no?- dijo Sophie irónicamente. Aunque solo tenía 8 años, Sophie se desenvolvía muy bien en cualquier situación.
               -¡Sí, pequeña, ven aquí!- exclamó la abuela. Sophie se acercó y le dio dos besos. En ese momento se abrió la puerta de la casa y salió una mujer de mediana edad rubia teñida, era mi tía Mercedes, todavía la recordaba, era una mujer agradable y simpática. Seguidamente apareció una chica que tendría aproximadamente mi edad, era morena  con el pelo no muy largo. No sabía quien era, y empecé a rebuscar en mis recuerdos ese rostro que me resultaba familiar.
               -Hola!! ¡cuanto tiempo!- mi tía abrazó a mi madre que de la emoción derramó alguna lágrima- ¿Estas son Alice y Sophie?
                -Si, yo soy Sophie- se adelantó a decir mi hermana. Yo también la fui a saludar. La chica que desconocía se acerco y se presentó
                -Yo soy Lara- en ese momento los recuerdos se me amontonaron, me acordé perfectamente de ella, era mi prima, mi prima Lara. Había sido mi mejor amiga, pero ahora la encontraba tan... diferente, tenía un año más que yo pero en realidad no lo aparentaba- ¿te acuerdas de mí?- me preguntó, yo asentí con la cabeza y le di dos besos- ¡Ven te enseñaré tu habitación!, ¡¡mamá voy a enseñar a Alice su dormitorio!!
                 - Vale, ya verás te va a encantar. Después podéis bajar al pueblo y le presentas a tus amigos.

                   La verdad no tenía muchas ganas de conocer a los amigos de mi prima, no por nada en especial, simplemente estaba cansada. La casa tampoco había cambiado mucho, el salon tenía nuevos sofás y había algunos cuadros de paisajes. Subimos las escaleras hasta el segundo piso y despues a la buhardilla, durante el corto camino estuvimos en silencio. Lara abrió la puerta para entrar.
                   
                 -¡Ven!- me dijo mientras me tiraba un poco del brazo. Entré detrás de ella, y la verdad me sorprendí bastante. Todo estaba cambiado y con muebles nuevos y modernos.
                  -¡Es muy bonito Lara! ¿habéis cambiado el mobiliario no?- pregunté
                  -Sí, hace unas semanas lo cambíamos, queríamos que te sintieras a gusto, y lo mejor ¡es solo para ti! Tu madre y tu hermana dormirán en la habitación de invitados- explicó Lara. No me lo podía creer tenía un pequeño apartamento para mí sola. Recuerdo que cuando era pequeña yo y mi madre dormiamos alli en la cama de matrimonio, y Sophie en una cuna. La casa tenía 4 dormitorios, el de la abuela, el de mi tía, el de Lara, y el de invitados.
                   -¡¡Me encanta es precioso!!- admití















             Cuando hube vaciado las maletas  bajé a almorzar, la abuela había preparado su famosa paella. Después Lara me animó para que fuésemos a la plaza y conociera a su grupo de amigos, yo estaba cansada pero acepté porque me insistió mucho. Lo que no sabía era lo que me esperaba allí...


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